A los 89 años
Muere el Rey Harald V de Noruega
Desaparece una de las figuras más singulares y queridas de las familias reales.
El Rey Harald V de Noruega ha muerto este viernes a los 89 años, según ha informado la Casa Real noruega.
El Monarca llevaba diez días ingresado en el Hospital del Reino de Oslo, y el jueves la Familia Real informó de que su estado era «muy grave».
El pasado día 17 de agosto fue hospitalizado tras sufrir complicaciones derivadas del tratamiento que estaba recibiendo por una anemia hemolítica y durante su estancia se complicó por una infección bacteriana en la sangre.
El decano de los reyes europeos
Con su fallecimiento, desaparece el decano por edad de los reyes europeos y una de las figuras más singulares y queridas de las familias reales contemporáneas.
Llegó al mundo el 21 de febrero de 1937 en Asker y fue el primer príncipe noruego nacido en suelo nacional en más de cinco siglos, un símbolo temprano de la normalización de una institución que, bajo su reinado, se transformaría en un referente de estabilidad democrática y cercanía ciudadana.
Su infancia estuvo marcada por la guerra y el exilio. Sus primeros tres años transcurrieron en la finca de Skaugum, hasta que la invasión de la Alemania nazi obligó a su madre, la princesa heredera Märtha, a huir con sus hijos a Suecia y después a Estados Unidos.
No sería hasta diez años después cuando madre e hijos regresaron a Noruega.
Del exilio al trono
Tras la muerte de su abuelo en 1957, fue nombrado príncipe heredero y, en 1968 se casó con la plebeya Sonja Haraldsen.
El entonces Rey Olav permitió la boda después de nueve años de insistente noviazgo y sólo después de que único heredero varón al trono amenazase expresamente con quedarse soltero de por vida.
Expertos en casas reales como el historiador Roberto Ortiz de Zárate han señalado que aquel episodio «marcó el inicio de una monarquía más permeable, más humana y más consciente de su papel en una sociedad igualitaria».
Los años de exilio en EE.UU. moldearon su carácter. Permaneció con su madre y sus hermanas en Pool Hill, Maryland, mientras su padre y su abuelo dirigían la resistencia desde Londres.
Aprendió inglés, descubrió el valor de la diversidad cultural y desarrolló una visión del mundo más amplia que la de muchos monarcas de su generación.
Cuando regresó a Noruega en 1945, continuó su educación en Oslo e inició una sólida formación militar que lo llevaría a convertirse en general del Ejército y almirante de la Marina. También estudió en Balliol College, en Oxford, donde profundizó en ciencias políticas y económicas.
Deportista apasionado
En su juventud, representó a Noruega en los Juegos Olímpicos de 1964, 1968 y 1972
Harald V fue también un deportista apasionado, especialmente en la vela. Representó a Noruega en los Juegos Olímpicos de 1964, 1968 y 1972, y ganó competiciones internacionales como la Copa de Oro de 1968 y la Kieler Regatta de 1972.
Su presencia en los muelles, con gorra y chaqueta de agua, era tan habitual que muchos noruegos lo recuerdan más como regatista que en el Palacio Real de Oslo.
Una anécdota muy repetida en los clubes náuticos es que, durante una regata, un competidor extranjero le preguntó si debía dirigirse a él como «Majestad».
Harald V respondió: «Aquí solo somos marineros: si me ganas, me inclinaré yo». Esa mezcla de humor y humildad en el trato formaba parte de su sello personal.
Un reinado de 35 años marcado por la neutralidad y la unión
Cuando ascendió al trono en 1991, tras la muerte de su padre, el Rey Olav V, fue el primer monarca noruego nacido en el país desde 1380 y este hecho reforzó su legitimidad simbólica.
Su reinado se caracterizó por una interpretación rigurosa del papel constitucional del monarca: neutralidad política, representación del Estado y defensa de la cohesión nacional. En sus discursos, insistía en que «el Rey no gobierna, el Rey une».
Con su estilo sobrio, directo y su siempre presente sentido del humor, se ganó un profundo respeto de los noruegos, que se ha manifestado en sus últimos días de enfermedad.
Miles de mensajes
Entre las decenas de miles de mensajes que llegaban a la página web de la Casa Real noruega este jueves, cuando su estado de salud se agravaba, se colaban incluso sentidos homenajes republicanos.
«Estoy en contra de la monarquía en principio, porque creo que no deberías heredar poder ni posición, pero tú me has mostrado muchos de los lados positivos y unificadores de los monarcas buenos. Si vamos a tener un Rey, me alegro de que hayas sido tú», decía uno de ellos.
La mayoría elogiaba los «valores compartidos con los noruegos» y agradecían su «gran trabajo» al frente de la institución.
Austero y transparente
Expertos en monarquías escandinavas destacan que Harald V consolidó un modelo de monarquía austera, transparente y adaptada a la sociedad del bienestar.
Su presencia en actos locales, desde inauguraciones de bibliotecas hasta visitas a pequeñas comunidades pesqueras, reforzó la idea de un Rey cercano, casi cotidiano.
Pese a sus problemas de salud, se negó a abdicar: «Cuando se presta juramento, es para toda la vida»
Hospitalizado
En los últimos años, su salud se deterioró, con hospitalizaciones recurrentes por problemas cardíacos, respiratorios y episodios de anemia.
Aun así, Harald V mantuvo su compromiso con el servicio público, delegando funciones en su hijo, el Príncipe Heredero Haakon en varias ocasiones, y respetando una estricta transparencia acerca de su estado de salud. Justificó su negativa a abdicar recordando que «cuando se presta juramento, es para toda la vida».
Su legado: modernización, cercanía y estabilidad
El legado de Harald V se puede resumir en tres grandes dimensiones: la modernización social de la monarquía noruega, con su apoyo a la igualdad de género y su defensa de la diversidad cultural; la cercanía como carácter de la jefatura de Estado, ofreciendo un perfil humilde, accesible y profundamente humano; y la estabilidad democrática, manteniéndose como símbolo de unidad en momentos de crisis, desde la masacre de Utøya en 2011 hasta lo peor de la pandemia.
Su discurso tras el atentado, en el que afirmó que «el miedo no puede gobernar Noruega», es considerado uno de los más importantes de la historia reciente del país.
Los reyes no deben estar por encima del pueblo
Harald V solía decir que «los reyes no deben estar por encima del pueblo, sino a su lado», por lo que caminaba por Oslo sin escolta, conversaba con pescadores y estudiantes, se emocionaba en funerales nacionales y sobrellevaba con aceptación y todo el humor posible los escándalos familiares, que tanto han pesado sobre la Casa Real noruega en los últimos años, como harían otros padres.
Con su muerte, Noruega pierde a un monarca que convirtió la sencillez en una virtud política y una forma de liderazgo.
Su reinado deja una huella profunda en la historia del país y en la memoria de millones de ciudadanos que lo vieron, durante décadas, como un compatriota ejemplar.
Fuente: ABC







